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Editorial: La UN frente a los estigmas

La Universidad Nacional de Colombia se ha ido alejando de los estigmas, los cuales se contraponen a la paz y al término de todas las formas de violencia política al mantenimiento de un Estado y una sociedad bautizada bajo el nombre del miedo.

La Universidad Nacional de Colombia ha jugado un papel importante en el desarrollo científico y cultural de Colombia a lo largo de sus casi ciento cincuenta años de historia, se ha posicionado como la mejor universidad del país y ha contribuido de forma sustancial a la búsqueda de la solución política al conflicto armado interno y a las transformaciones democráticas en Colombia. A pesar de esto, los medios de comunicación colombianos, acompañados de instituciones públicas y distintos círculos de poder se han empeñado en crear un estigma sobre la Universidad Nacional, y las demás universidades públicas, relacionándola con el terrorismo y otros de los males nacionales.
Son varias las consecuencias de este fenómeno. En primer lugar, el hecho que los medios de comunicación relacionen la universidad con actos terroristas desdibuja el papel que ha jugado la universidad como un agente de paz en distintos escenarios, como fue en el desarrollo de los diálogos entre el Gobierno Nacional y las FARC-EP que concluyó más de cincuenta y dos años de confrontación armada con este grupo guerrillero por medio del Acuerdo de Paz. Así mismo, la consolidación de las promesas aplazadas de la Constitución de 1991 de paz, democracia y modernidad, ampliando paulatinamente el abanico de libertades y derechos de los colombianos.
En segundo lugar, este tipo de asociaciones discursivas, en los cuales se suele sostener que los miembros de la comunidad universitaria son radicales anclados en el pasado, desconoce la libertad de pensamiento que existe en el seno de la universidad, resultado de la libertad de cátedra y la diversidad de opiniones políticas, sociales, culturales, religiosas y demás que conviven a diario en cada uno de los campus de la universidad que recorren la geografía nacional. Dejando con efecto inocuo los aportes que hace la universidad en cada una de las áreas del conocimiento, encaminadas al desarrollo del país y la solución de los problemas que lo aquejan, olvidando que la universidad, como el país, es diversa, y que tales generalizaciones no tienen cabida.
En tercer lugar, relacionar los miembros de la comunidad universitaria, prima facie, con grupos al margen de la ley, viola los derechos de cada uno de los miembros de la comunidad universitaria, como ocurrió con los últimos involucrados en procesos judiciales, supeditando los derechos propios del Estado Social de Derecho, en un oscuro y opaco Estado de Opinión. Así, garantías básicas como la presunción de inocencia se convierten en la presunción de culpabilidad; la vida privada se hace de pleno conocimiento a la opinión pública, afectando sus relaciones personales; los funcionarios judiciales se hacen una idea de la responsabilidad penal de los investigados, violentando la imparcialidad judicial.
En cuarto lugar, la labor que han adelantado los medios de comunicación durante los últimos años, con respecto a la Universidad Nacional, pero también en relación con distintos hechos relacionados con la administración de justicia penal han desdibujado el papel de los medios en la construcción de la opinión pública. No solo se han encargado de informar con respecto a lo que pasa, como han sido los casos de otros miembros de la comunidad, como Miguel Ángel Beltrán, o Mateo Gutiérrez, sino que además han dotado la información que transmiten con un contenido parcializado y pobremente valorado. Creando así la forma en la que las personas deben considerar los hechos, y dictando la moral y el comportamiento adecuado frente a cada evento, en los cuales se ha presentado la Universidad Nacional de una forma distorsionada.
Por último, y como respuesta a este fenómeno, la comunidad universitaria y la sociedad colombiana en su conjunto deben exigirle a los medios de comunicación de más amplia difusión responsabilidad en su labor, vital en una democracia y en un Estado Social de Derecho. La Universidad Nacional de Colombia se ha ido alejando de los estigmas, los cuales se contraponen a la paz y al término de todas las formas de violencia política al mantenimiento de un Estado y una sociedad bautizada bajo el nombre del miedo.

¿La moneda del siglo?

El hombre es un animal de costumbres por naturaleza, y cuando ve alguno nuevo tiene la tendencia natural a asustarse, estigmatizar e incluso volverlo sacrílego, pero a final de cuentas siempre se termina equivocando, pero bueno, es de humanos equivocarse, ¿no? Irónicamente todo lo termina adoptando. ¿Qué pensaría Lucy al vernos a nosotros? Probablemente lo mismo que muchos humanos piensan actualmente del bitcoin así como en sus tiempos pensaron acerca de Tesla con la corriente alterna, o cuando Oppenheimer dirigió el Proyecto Manhattan para crear la bomba atómica. En cierto modo, ningún invento o descubrimiento es malo, per sé, lo que en realidad teme el hombre es, en algunos casos de dónde proviene, y en otros la utilidad que se le va a dar.

Ahora bien, ¿qué es el bitcoin? Desde 2008 se ha empezado a hablar por los rincones de los videojuegos en línea como Minecraft de una moneda llamada Bitcoin, creada por alguien que se hace llamar “Satoshi Nakamoto”, ese extraño nombre que ha puesto a temblar desde hace unos años a los más grandes magnates del dinero como lo son los banqueros, desde Sarmiento hasta Wall Street, y como no hacerlo, una moneda que al principio no pasaba de valer unos cuántos centavos a que ahora su precio ronde los 2500 dólares. Esta vorágine de sucesos por las que ha pasado la “moneda” desde ser elemento de constantes ataques cibernéticos hasta tacharla de fraude en pirámides y esquemas, pues como dicen por ahí “Hay de todo en la Villa del Señor”. La verdad acerca de todo esto es que el bitcoin es, una tecnología peer-to-peer que utiliza información encriptada mediante “hashes” que son leídos a través de una cadena de bloques (blockchain) la cual traduce dichos códigos utilizando protocolos (el más común para el bitcoin es el SHA-256) gracias a los mineros que rompen los bloques y dichos transacciones puedan ser leídas y ejecutadas. Todo esto suena loco, ¿verdad? Haciendo una analogía, quiero enviarle un mueble a un amigo a otra ciudad pero el paquete está encriptado mediante un complejo algoritmo matemático similar a un código de barras, éste queda en cola en la fila de envíos lo que lo hace comparable con la cadena de bloques y el minero, es el software que reconoce y descifra el código de barras para que sea correctamente enviado al receptor, claro está recibiendo una pequeña comisión de pago por sus servicios y así mi amigo reciba el mueble intacto y completo.

Conozco la moneda desde 2012 y he visto todos los grandes eventos por los que ha pasado esta moneda desde su primera subida por encima de los 1000 dólares en diciembre de 2013, evento que hizo recordarle a un nórdico que tenía alrededor de unas 600 de esas monedas que sin darse cuenta la tenía abandonada y sin atención que lo hizo revolcar toda la casa hasta encontrar la clave de su wallet (o billetera) y las vendió y ahora es una persona acomodada en su país natal, así como ser testigo e incluso víctima de ataques cibernéticos de hackeo, el cierre de Mt. Gox, empresa de trading (compra y venta de divisas) en Japón, el robo de 3 millones de dólares de Cryptsy en criptomonedas por parte del dueño, el hackeo masivo de sitios colectores de “faucets” o “grifos”, y sin embargo, sigo aquí, defendiendo este invento que está revolucionando el gran mercado mundial. Todos tomamos malas decisiones, y eso nos hace responsables a nosotros de lo que hacemos y en quienes confiamos, es decir, no hay que culpar al juego, sino a los jugadores.

En el Renacimiento hasta parte del siglo XIX la moneda de intercambio fue el oro, el siglo XX nos introdujo las divisas nacionales como el peso, el dólar, el marco, el penique. Y ahora, en las redes ya se habla de “bits”, “satoshis”, “litoshis”, y ya es más común ver sitios que aceptan donaciones en bitcoins o litecoin que donaciones mediante Paypal o transacciones mediante tarjeta de crédito. El bitcoin tiene la gran diferencia con las divisas internacionales, es precisamente que no se rige mediante ningún gobierno, no le debe credibilidad a nadie, simplemente se rige por la pura actividad mercantil de la oferta y la demanda, que funciona como una economía colaborativa pues es la gente misma la rige su precio y no un banco o un Estado.

Muchos se preguntan, ¿cómo confiar en algo que no es regulado por ningún gobierno? ¿a quién le hago el reclamo si pierdo mi dinero? ¿cómo le pago al tendero si ni siquiera es una moneda “tangible”? ¿cómo sé que no estoy cometiendo actos ilícitos? Me da demasiada risa (por no decir otra cosa) ver los noticieros colombianos hablando del Bitcoin; cada vez es más claro quién tiene el poder de los medios en Colombia. Eso me hace recordar incluso el fragmento de una canción “Media is always trying to blame me” (Los medios están siempre tratando de culparme), y la verdad es que son demasiado alarmistas y poco concretos con respecto a lo que tratan canales más lo que hablan en Bloomberg, pero claro, quizás 1 de cada 300 mil habitantes en Colombia, lee noticias que no sean de RCN, Caracol, Las 2 Orillas, La Silla Vacía, etc. Pero la verdad es que el Bitcoin ya se les salió de las manos a todos ellos, el Bitcoin tiene el poder suficiente para hablar por si mismo, y erigirse como una moneda de intercambio en la web, no hay que negar que éste es el principal tipo de moneda que se utiliza en la Deep Web o la Dark Web (como si la trata de blancas y la venta de armas ilegales no se hiciera con diamantes y esmeraldas). No faltará el conspiranóico que piense que el Bitcoin lo inventaron los Illuminati para terminarnos de enloquecer, y controlar aún más fácil nuestro dinero, y muchas empresas alrededor del mundo se las están ingeniando para para empezar a adoptar el bitcoin como moneda de intercambio

Ahora, volviendo a las preguntas tétricas. Como nadie la regula, a nadie se le reclama, el bitcoin es en sí mismo un bien que posee valor, por otro lado cuando alguien roba el Detective Comics #27 o el Action Comics #1, sólo queda recurrir a seguridad privada, por eso, esto es más de valerse por sí mismo que de los bancos (al fin y al cabo, es a ellos quien se trata de evitar, ¿no?), los cuales no tienen autoridad alguna sobre el bitcoin, por eso posiblemente en varios sitios web se verá “Tú eres tu propio banco con el bitcoin”. Y es que no es para más, no más intereses, no más descuentos por manejo de cuenta, adiós a las llamadas anuales para ofrecer nuevos métodos de ahorro, adiós a las cartas amenazantes de bancos que quieren embargar lo poco que tenemos. Ahora para pagarle al tendero, empresas como Visa y MasterCard, entendieron el juego y ya están sacando tarjetas cuyo respaldo monetario es la cantidad de bitcoins en la cuenta, así, las empresas se quedan con los bitcoins y como buen paisano, pagas en efectivo, mala idea, pero, como buena costumbre, resulta inevitable manejar efectivo.

La única desventaja que se ha encontrado en todo este tiempo del bitcoin es la volatilidad de la moneda, es decir, a las 3.50 p.m. vale 2571.35 dólares y a las 4.30 p.m. puede estar valiendo 2743.22 dólares y a las 7.15 p.m. puede estar valiendo 1978.56 dólares, pero a final de cuentas esa es la ley de la oferta y la demanda en su máxima expresión.

Obviamente nunca van las faltar los aprovechados que tratarán de sacarle provecho, sacando “scam coins” (monedas falsas) para robar los bitcoins mediante inversiones, simplemente se trata de entender todo con calma y saber cómo manejar nuestro dinero. El bitcoin y las criptomonedas llegaron para quedarse y lo harán. Ningún puede ahora opacar la nueva moneda que se encuentra en la Bolsa de Valores de Nueva York. El bitcoin se volvió el “oro virtual”. Que la Fuerza te acompañe Bitcoin.

Por: Andrés Felipe Ospina Osorio

Fútbol, delirio de lo improvisto

Sin medir mayormente las consecuencias y sin el mínimo principio de juego limpio universal se ha cruzado, en el frenesí interno del balompié contemporáneo, la estrecha línea entre los valores sociales y el comercio insano. De nuevo, el mercantilismo, acecha el sentido vivir del fútbol.

“Cuando presencio un partido, unos me son más simpáticos que otros. Conquistan espontáneamente la simpatía por cualquier accidente del juego. Y deseo que gane el que más rápidamente captó mis simpatías. Voy al espectáculo deportivo sin prejuicio alguno” – Federico García Lorca.

La mecánica del juego no puede ser más sencilla, la naturaleza interna del encuentro obliga sutilmente a inclinarse desde el gusto hasta los intrigantes límites de la exaltación. Partidario de la historia, de la identidad, de la descendencia, el individuo, que asiste empedernidamente al espectáculo que le ofrece el deporte magno, se deja llevar por el camino donde lo irreal se transforma radicalmente en una realidad indisputable.

El sistema, en este caso el que encierra al mal llamado “opio del pueblo”, ha sufragado rebeldemente al hombre del barrio obrero, del mismo modo, ha exiliado sin gasto excesivo, al personaje de realzada alcurnia para hacerlo parte del campo de guerra. Allí, donde marcar, gustar y, más descaradamente, ganar, se convierte en la sustancia que da vida a ese ser aplacado por los torbellinos de la desordenada sociedad, es allí donde se presenta el conjunto de los más íntimos valores humanos éticos y morales.

La razón esencial del fútbol, su centro, la chispa que da empuje al movimiento más vanagloriado y entendido globalmente es, impensadamente, los valores sociales. La fortaleza cultural al conformarse el colectivo, la utopía sediciosa de lo contracultural al momento de actuar. La dinámica se establece como realeza, la impaciencia como estereotipo y la táctica como el as bajo la manga. La estrategia, aliada caprichosa.

Este fantástico microcosmos, al que Federico García Lorca asistía sin prejuicio alguno y con el afán de ser conquistado espontáneamente por la simpatía de cualquier accidente del juego, presenta, como cualquier hecho e intrínsecamente como cualquier medio, actos irreverentes, frontales, contradictorios. Golpe de opinión. Sin el más mínimo pudor de pensamiento y previsión, el espectador no espera un hecho fuera de lo común que marque su sentir, su forma de ver, mucho menos que deje huella, positiva o negativa en la historia. Pero, como el juego es dinámica de lo imprevisto, esa especulación, nacida de una diferencia, ego, soberbia, malhumor, en fin, una molestia mal librada, termina por ser una locura en el contexto deportivo. Un punto desaforado, un desparpajo.

El hecho de moda, del que toda la masa conocedora del juego comenta, el gasto de 222 millones de euros en un jugador, un humano como cualquier otro, con risas y penas, momentos amargos y agradables. Una cifra históricamente exorbitante. Sí, cerca de 780 mil millones de pesos colombianos. Extravagante, desprovisto, desmesurado. Un showman carente de razón pero con modesto sentido.

Sin medir las consecuencias y sin el mínimo principio de juego limpio universal se ha cruzado, en el frenesí interno del balompié contemporáneo, la estrecha línea entre los valores sociales y el comercio insano. De nuevo, el mercantilismo, acecha el sentido vivir del fútbol. El individuo, encargado de dar alegrías, destacar, arriesgar su felicidad por el éxito y la fama, se somete a ser un producto; se compra, se vende, se presta. Ligado a la crítica, actúa, sin pensar, que su desdicha la rige el poder, establecido extrañamente por su talento.

El fútbol como sistema provee el propósito de ser un estilo de vida para muchos o quizá un escape de la cotidianidad para otros. Sin embargo, es de conocimiento común reconocer que este juego es una industria, un comercio, inestable y desmedido ocasionalmente, pero en fin, con tintes escrupulosos que mitifican su intenso hedor. Ningún otro deporte consagra tal magnitud en el concepto de industria.

Todos deben respetar el principio en el que se fundamentó esta escuela de vida. Debe siempre haber más de juego que de dinero y fama. Solidaridad, honestidad, ejemplo. Se trata del deporte con más seguidores en el mundo. Miles de millones de aficionados siguen con fervor al gambeteador, el técnico, el ariete, el asistente. No se trata de los miles de millones estampados en un cheque al fin de cada mes o al concretarse una transacción. El tiempo que el fan invierte de su oficina o academia en ver el espectáculo debe ser remunerado con juego, belleza, estilo, un paradigma al cual seguir y con el cual identificarse.

Debe darse lo mejor de cada uno con el propósito de mantener este magnífico, elegante y clásico deporte que no excluye a nadie de sus vitrinas. Mantener viva la esperanza y la fe. Conservarlo como lo que fue y como lo que siempre debería ser. Símbolo de unidad, de diversión, de cultura.

Los jóvenes talentos, surgidos en gran mayoría de los suburbios de las capitales del fútbol, son blindados con escalofriantes cantidades de dinero pasando por encima de la justicia social. Viene sucediendo y hasta ahora, representa una desdicha en la espontaneidad del contexto. Esto no debe convertirse en la identidad que predomine en el sentido de los jugadores. No por los medios ni los aficionados. No por los viejos y ante todo, nunca por los jóvenes.

Como personas de fútbol y cultura, es deber validar cada vez en los estadios, en los foros, en la tertulia, las raíces sociales e históricas. En todo rincón del mundo, en el que se respire fútbol, la unión debe estar replicada por la integridad, el respeto, la comunidad y la transparencia.

No se puede olvidar, mucho menos ahora, cuando lo intemperie se hace viral al punto de mutarse a lo caótico. El paradigma a seguir para los jóvenes y niños que con holgura e ilusión creen en el deporte, no debe estar construido por los entes bancarios, sino por los valores y el carácter en el campo de juego. Construido por el fútbol y para el fútbol, por la jugada que todos aman. Por el mundo que compartimos juntos.

Que para siempre, por honor y respeto a la historia, se mantenga la autenticidad de este deporte.

Más goles, menos dólares. ¡Que viva el fútbol!

Por: Norbey Danilo @norbeydanilo.

Imagen tomada de: goo.gl/rLtpxw

Una rendición de cuentas amañada

Es verdaderamente preocupante que en la Universidad Nacional de Colombia Sede Palmira se presenten intervenciones con esta metodología donde las directivas se aíslan para impedir dar la cara a estudiantes, docentes y trabajadores, construyendo métodos antidemocráticos de comunicación

Es indudable que toda institución respetable debe velar en la realización de un manejo adecuado de los recursos monetarios -más aún la universidad pública-, asimismo, los diferentes sectores que la componen deben aportar soluciones para construir conjuntamente canales de comunicación directa que permitan intercambiar gestiones, procesos y resultados de forma óptima a cada componente de la organización. Sin embargo, en la Sede Palmira en los últimos semestres se han presentado situaciones que evidencian una lógica de comunicación anormal, sin participación presencial ni réplica ni debate alguno.

Un claro ejemplo se reflejó en la Rendición de cuentas 2016, realizada el 9 de junio del 2017, en el cual se precisa que la dirección de Sede no aporta evidencias que sustenten la construcción articulada de canales comunicativos formales hacia la comunidad universitaria. Puntualmente, la vicerrectoría decidió transmitir por streaming la Rendición de cuentas opacando la participación dinámica de los estamentos de la sede. Además, se realizó dos semanas después de concluir el calendario académico donde la presencia estudiantil en la sede es por poco nula.

Sectores estudiantiles consideran este hecho como un irrespeto a la comunidad universitaria y junto con los trabajadores plantean que actos así obedecen a lo que ellos llaman una administración clientelista. Incluso algunos estudiantes la denominaron como una “rendición de cuentas perfecta”.

Durante la presentación, Jesús Valencia, vicerrector de la Sede Palmira señaló cuatro ejes temáticos que engloban el Plan de Desarrollo (2016-2018):

1. Integración de las funciones misionales: un camino hacia la excelencia.

2. Infraestructura física y patrimonio: apoyo indispensable para la academia.

3. La gestión al servicio de la academia: un hábito.

4. La Universidad Nacional de Colombia de cara al pos-acuerdo: un reto social.

Sin embargo, existen varios puntos en la Rendición de cuentas que no fueron mencionados y otros que demandan precisión e intranquilizan a estudiantes, profesores y trabajadores de la Sede:

1.Ingresos a nivel nacional y desfinanciación estatal

2. Recorte presupuestal para docentes ocasionales

3. Presupuesto de investigación y adecuación de laboratorios

4. Facultades que deben responsabilizarse de los gastos de Sede

5. Bienestar laboral de trabajadores y docentes.

6.Creación de la Facultad de Ciencias Básicas

7.Poca inversión en infraestructura

8.Contratación de profesores ocasionales desde la segunda semana del cronograma académico.

Además, Bienestar Universitario carece de presupuesto que garantice la participación numerosa en los diferentes módulos culturales y deportivos, así como la cobertura de alimentación. Gracias a la presión ejercida por los estudiantes, para el semestre 2016-1, Bienestar Universitario contrató instructores sólo para los últimos dos meses del semestre ya que alegaban la insuficiencia de recursos para gestionar sus actividades al inicio del calendario académico.

No obstante, durante la Rendición de cuentas vía web en ningún momento el vicerrector hizo alusión a carencias en el presupuesto, manifestando inclusive que para la operatividad de la Sede es suficiente y resalta que no existen inconvenientes con la ejecución del mismo.

Es verdaderamente preocupante que en la Universidad Nacional de Colombia Sede Palmira se presenten intervenciones con esta metodología donde las directivas se aíslan para impedir dar la cara a estudiantes, docentes y trabajadores, construyendo métodos antidemocráticos de comunicación que generan rechazo y  plantean un panorama desolador y desconcertante, exactamente oscuro, sobre el manejo que el vicerrector Jesús Valencia realiza en su gestión junto con decanatura.

Cabe destacar que en otras sedes también se ha venido implementando este tipo de rendiciones de cuentas. Situaciones que deberían generar un principio de desconfianza sistemática en la comunidad universitaria acerca de la legitimidad en la gestión presupuestal de la UNAL.

Actos como este demuestran que el uso de los mass media también pueden aplicarse para esquivar situaciones incómodas de réplica y acotaciones presenciales relativas a un tema importante creando fachadas ilusorias de representatividad. Incluso, como se observó en la sede Palmira, se usa como herramienta para obstaculizar la presencia molesta de personas críticas directamente afectadas con pleno conocimiento sobre el tema. Donde es claro que para el nivel central de la Sede no es agradable afrontar las problemáticas libremente con la comunidad universitaria porque su agenda y ética organizacional apunta a otras direcciones.

¿Hasta qué punto la comunidad universitaria ha permitido que se generen estas situaciones?

Algunos profesores plantean que la comunidad universitaria (estudiantes, docentes y trabajadores) esta adormilada, atolondrada sin capacidad de pensar y actuar críticamente lo que conlleva a que las directivas tomen decisiones sin criterios éticos como institución atropellando el espíritu de la Universidad Nacional y desdibujando la unidad, la misión y visión, incluso la naturaleza de la academia más importante del país.

PD: La forma en que nos comunicamos con otros y con nosotros mismos, determina la calidad de nuestras vidas. –Anthony Robbins.

Por: Miguel Ángel Acosta Chinchilla, estudiante de Ingeniería Agronómica, Sede Palmira.

Desalambrar la tierra y el corazón

“Consideramos que para liberar la tierra es necesario liberar el pensamiento. Lo decimos de este modo: desalambrar la tierra depende de desalambrar el corazón.”

En medio del tan anunciado “posconflicto” las voces de los pobladores ancestrales de este territorio que fue convertido en nación a punta de discursos, falsos imaginarios unificadores e historias manipuladas, intentan ser acalladas.  El pasado 3 de agosto el ESMAD arremetió nuevamente contra el proceso de Liberación de tierra en Quebradaseca, liderado por comunidades del Pueblo Nasa del Norte del Cauca a punto de dar inicio al “Encuentro Internacional de Liberadores y Liberadoras de Uma Kiwe, nuestra Madre Tierra” que se celebra ahora mismo en Corinto, Cauca.”

Su derecho a la mentira

Después de casi seis décadas de conflicto armado el país reclama la paz, la dejación de armas, la reconstrucción del tejido social, la verdad y la reparación. En el proceso observamos optimistas la victoria de los Diálogos y la voluntad política por parte del Gobierno y las FARC, pero inmediatamente las imágenes borrosas de un futuro diferente al del neoliberalismo y la represión se deslizan como lágrimas que caen impunemente sobre nuestro rostro, cómplices de la desgracia. Queremos creer que otro país es posible, que por fin “el pueblo” va a tener lo que se merece, propiedad sobre la vida y la tierra para vivir, el pedacito de poder para cultivar su alimento y sus sueños.

Las cifras de líderes y liderezas asesinados siguen ascendiendo y empezamos a ser testigos de lo que somos conscientes, la clase política ejerce el derecho del que ha sido acreedora en la competencia sucia y desigual que llamamos democracia, su derecho a la mentira. Por fin el país está listo para abrirse de piernas a la inversión extranjera y al turismo, los territorios que han sido “liberados” del flagelo del conflicto armado ahora son obra negra para planes de los empresarios dueños de multinacionales y grandes terratenientes latifundistas dueños de conglomerados empresariales que incluyen sectores tan variados como la agroindustria, las telecomunicaciones, bebidas gaseosas, construcción, automotriz, entre otros. Sí, estoy hablando de personajes como Carlos Ardila Lülle, dueño de grandes extensiones de monocultivo de caña de azúcar en el Norte del Cauca en territorios reclamados ancestralmente por el Pueblo Nasa en resistencia.

Territorios de vida vs territorios del capital

La finca Quebradaseca en el municipio de Corinto, Norte del Cauca que solía ser propiedad del ingenio azucarero INCAUCA de Carlos Ardila Lülle es hoy escenario de resistencia, lucha y construcción de alternativas a la pobreza y el despojo del que han sido víctimas las comunidades indígenas del Norte del Cauca. El territorio colmado de cañas altas donde los trabajadores contratados por Cooperativas de Trabajo Asociado que vulneran sus derechos laborales, se exponían a largas y duras jornadas para extraer azúcar y etanol erosionando la tierra y poniendo en riesgo su salud, se ha transformado en un territorio abonado con semillas e ideas solidarias que dan fruto al sustento, el alimento y el crecimiento de redes humanas que vibran con el cuidado del planeta y de sí mismos.

Las arremetidas del Escuadrón Móvil Antidisturbios- ESMAD y aquellas fuerzas que trabajan desde lo oscuro protegiendo los intereses de los empresarios ponen en confrontación dos modelos distintos de habitar y construir territorio, mientras las fuerzas “legítimas” del Estado velan día y noche por la construcción de territorios para el capital, las comunidades y movimientos sociales reclaman territorios para la vida. En marzo de este año fue asesinado el líder indígena Javier Oteca Pilcue de 44 años y el saldo de heridos asciende en cientos de víctimas, destrucción de viviendas y cultivos en terrenos liberados. La últimas acciones violentas por parte del ESMAD ocurrieron el pasado 2 y 3 de agosto cuando fue incendiado y destruido el lugar preparado por semanas para la celebración del “Encuentro Internacional de Liberadores y Liberadoras de Uma Kiwe, nuestra Madre Tierra” que se celebra ahora mismo en Corinto, Cauca, incursionaron con gases lacrimógenos y balas de goma, quemaron los cambuches de los participantes y agredieron a una persona que resultó fuertemente herida.

Liberadores y liberadoras de la Uma Kiwe

Desde 2014 indígenas del Pueblo Nasa del Norte del Cauca pusieron en práctica el proceso de liberación de la Madre Tierra que se había gestado en épocas anteriores, ocupando pacíficamente diferentes terrenos de la región dispuestos para el monocultivo y la agroindustria, democratizando la tierra en función de la soberanía alimentaria de los pueblos, cultivando alimentos como el fríjol, plátano, maíz, entre otros.

Esta iniciativa se fortalece a partir de la reclamación de la reparación individual y colectiva a las víctimas de la “masacre del Nilo” perpetrada en el municipio de Caloto en 1991 por policías y narcotraficantes en las que fueron asesinados 21 comuneros Nasa adultos, mujeres y niños. La masacre fue reconocida en 1999 después de que el Estado colombiano fuera juzgado culpable por los hechos en la Corte Interamericana de Derechos Humanos. El Estado se comprometió a titular de forma colectiva 15.663 hectáreas en cinco años, a dar acompañamiento en planes de vida y ofrecer garantías de no repetición de masacres y asesinatos. Después de más de diez años se entregaron limitadas extensiones de tierras en su mayoría improductivas, en áreas protegidas y de reserva forestal.

“…Nosotros decimos, mientras sigamos siendo indígenas, o sea, hijos de la tierra, que nuestra madre no es libre para la vida, que lo será cuando vuelva a ser suelo y hogar colectivo de los pueblos que la cuidan, la respetan y viven con ella y mientras no sea así, tampoco somos libres sus hijos. Todos los pueblos somos esclavos junto con los animales y los seres de la vida, mientras no consigamos que nuestra madre recupere su libertad.” (Encuentro Internacional Liberadores y Liberadoras de la Madre Tierra)

Para los Pueblos Nasa que se autodenominan liberadores y liberadoras de la Madre Tierra, las vías de hecho de recuperación pacífica de tierras son una manifestación del sentido vital, ético político que reviste cada acto cotidiano como acto de libertad y de amor. En sus palabras:

“Consideramos que para liberar la tierra es necesario liberar el pensamiento. Lo decimos de este modo: desalambrar la tierra depende de desalambrar el corazón.”

Fuentes: https://elturbion.com/?p=10945

https://www.servindi.org/actualidad-noticias/01/07/2017/encuentro-internacional-de-liberadoras-y-liberadores-de-la-madre

http://www.cric-colombia.org/portal/gobierno-nacional-arremete-contra-participantes-del-encuentro-internacional-de-liberadoras-y-liberadores-de-la-madre-tierra-en-corinto/

Por: María Lucía Luna Borda @mllunab

Dunkerque

Dunkerque es retrato de una batalla real, fiel a suceso histórico, a las historias que Nolan escucho en su infancia, la historia de la batalla en que murió su abuelo. Entonces al ver la película uno piensa: fue así, carajo.

Una de las desventajas de tener una universidad pública desfinanciada es que obliga a los estudiantes a ver un montón de materias de investigación. Y,  sin quitarle la importancia de la investigación académica –independientemente del área del conocimiento en que se enfoque–, las clases para mí eran una triste forma de gastar mi tiempo. Así qué, decidido a sacarle algo de provecho a la clase, me busque un par de conocidos y me puse a hablar de cine.

Una de las conclusiones a las que solíamos llegar –las conversaciones eran algo repetitivas, creo que por mi culpa- era que “Christopher Nolan no tiene película mala”, “Es que no tiene” me repetía mi amigo FC moviendo la cabeza. No sé si me convenció, pero al recordar en mi memoria las películas de Nolan todas estaban bien puntuadas, y tal vez por esa verdad aceptada, al entrar a ver Dunkerque solo podía pensar que cada salida de Nolan podría ser la excepción a la regla.

Entonces, las luces se apagaron, terminó la publicidad y la película empezó. La primera escena lo dijo todo, esto es así: en frente el disparo invisible de las metralletas alemanas, en la espalda el mar, en el cielo los bombarderos nazis, en la playa, miles de hombres esperando la muerte. El tiempo pasa, la marea se va, los bombarderos vuelven, todos al suelo, las bombas tocan las puertas del infierno. Luego se van, todos se paran, los soldados vuelven a la fila, pero la muerte volverá, las nubes retumban. El mar los acompaña.

Eso es todo, sin un nazi exagerado, sin un héroe gringo, sin una mujer esperando que alguien sobreviva, sin carnicería, nada de eso, solo hombres agolpados entre una muerte en el frente o una muerte en el mar, obligados a vivir. No hace falta nada más, Dunkerque es retrato de una batalla real, fiel a suceso histórico, a las historias que Nolan escucho en su infancia, la historia de la batalla en que murió su abuelo. Entonces al ver la película uno piensa: fue así, carajo.

Me gustó el mar, siempre ahí, igual, monótono, impávido, a Neptuno no le importa la guerra. Las olas le devuelven sus muertos al hombre, el océano sepulta a quienes murieron en sus dominios, acompaña la espera de los derrotados, esconde al enemigo, trae a los viejos, recibe las bombas; fabrica su propia lluvia, pero no se inmuta, sigue igual, la guerra es cosa de los hombres, el gran azul descansa tranquilo, dormita, él ya estaba aquí y después de la guerra y la extinción, ahí seguirá.

Me gustaron los viejos, que extraña es la guerra cuando en vez consume a los hijos y deja a los padres, les permite cumplir su sueño. Creo no equivocarme al decir que muchos padres quisieran tomar la barca y cruzar el Estigio para traer a sus hijos del reino de Hades. Dunkerque lo hizo realidad, los viejos cruzaron el mar para traer a los hijos de la muerte, en pequeños barquitos y desarmados, viendo pasar buques de guerra repletos de soldados y armas, en retirada, huyendo del frente.

Me gustaron las historias y los tiempos. Al mejor estilo Nolan, todo se cruza, se incluye y se complementa, quien cayó por aquí, lo recogen por allá, si voló, lo vieron pasar, si explotó, lo escucharon, la película es un todo, pero todo en su momento, cuando sea necesario, no es un corte de cámara, es la panorámica del milagro de Dunkerque. Pero además, de completarse la historia, la batalla, nos da perspectivas, el agua furiosa de la nave naufragada, es sola el leve burbujear del mar desde el aire, y el rastro de muerte en la playa, es solo una columna de humo a lo lejos.

Me gusto el cierre, sobre la esperanza y la vergüenza, la llegada y la huida, nuevamente las perspectivas, la complejidad de la vida. Pero hay que decirlo, me parece que sobra el discurso final, no era necesario soñar con el nuevo mundo, con los salvadores, un detalle innecesario, melodramático, me parece un guiño a la Academia. Además, creó que hubiera sido mejor clamar por el ejército rojo, no por ideología, sino por el papel que tuvo en la guerra.

Luego el cierre, todo oscuro y los créditos. Salí del cine, la luz me pego en los ojos, lentamente me adapté a la luz y  a la idea “Nolan no tiene película mala”. La Clase me sirvió.

Por: Juan Pablo Parra.

Imagen tomada de: https://www.warnerbros.com/dunkirk

El arte y el olvido

Los monumentos realizados por artistas nacionales y extranjeros y expuestos en las agitadas calles de las grandes ciudades, terminan con frecuencia en el olvido.

La capital colombiana tiene en muchas de sus calles monumentos a cielo abierto que representan batallas, descubrimientos y conquistas históricas. La Revista Ciudad Blanca resaltará algunos muy representativos que no obstante han ido quedando en el olvido.

Los monumentos realizados por artistas nacionales y extranjeros y expuestos en las agitadas calles de las grandes ciudades, terminan con frecuencia en el olvido. Diariamente miles de transeúntes pasan por su lado, pero son pocos quienes tienen conocimiento de estas importantes y emblemáticas piezas de arte.

Debido a este desconocimiento, los monumentos pasan a ser “simples masas” de bronce, hierro, cemento o porcelana, según sea el caso. Además de la ignorancia, que hace que el sentido de estas se modifique, también están los daños causados por los vándalos.

Descubridores, conquistadores, héroes, mártires, escritores, poetas y filósofos tienen monumentos en su honor aunque ultrajados por el óxido, la suciedad, el robo, el maltrato y los grafitis.

Un ejemplo de esto es la plazoleta de los Mártires, que está adornada con un obelisco de diecisiete metros de altura, hecho en piedra de sillería, que ha tenido múltiples reformas desde su construcción el 4 de marzo de 1880. Aunque en sus muros están grabados los nombres de los próceres de la Independencia de América, actualmente su estado es lamentable.

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Plaza de Mártires

Los transeúntes la llaman La muñeca, pero el nombre original de la obra es Rita 5:30. La intención de este monumento creado por Enrique Grau Araujo es simbolizar la liberación femenina, razón por la cual sus detalles más llamativos son el sombrero y el corsé a medio ajustar. Desde su inauguración el 18 de diciembre de 2000, la obra ha tenido múltiples intervenciones para reparar los daños de personas que desconocen el valor del arte y la rayan y pegan publicidad.

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En la carrera 7.a con calle 100 está el Homenaje a Gandhi, concebido por la atrevida artista colombiana Feliza Bursztyn, quien usaba chatarra para sus trabajos. El estado de la obra no es el mejor: el abandono, el óxido y la maleza que rodean la pieza de casi cuatro toneladas y 31 metros de altura amenazan con echarla abajo.

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En su momento, Marta Traba, crítica de arte y escritora, se pronunció sobre la escultura afirmando que “amenaza a los conformistas y pobres de espíritu en Bogotá”. En el actual contexto, esta sería una de las razones por las cuales a las personas poco les importan estas muestras artísticas y conmemorativas.

En Medellín hay una obra del escultor Leobardo Pérez Jiménez inaugurada el 18 de julio de 2012 y que representa la memoria de la guerra vivida en las calles de la capital antioqueña. El árbol de la vida está compuesto por 27.398 armas blancas que se entregaron durante procesos de desarme; una sutil y noble forma de revivir objetos que en su filo llevan cientos de víctimas.

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Actualmente se está gestando el proyecto de construir tres monumentos en honor a una de las guerras más largas de la historia colombiana. Aunque no hay fecha acordada para la construcción con las armas que dejaron las FARC, el presidente Juan Manuel Santos se pronunció al respecto y afirmó que las armas serán fundidas por parte de la Naciones Unidas y un porcentaje del material servirá para construir las piezas de arte; Nueva York, Cuba y Colombia son los lugares elegidos para construirlos.

Recordar una guerra o cualquier hecho que haya afectado a alguna persona es una forma de reivindicar a los afectados, de recordarlos, de superar el dolor y de lograr que las nuevas y futuras generaciones entiendan lo que ha vivido su nación, esperando, desde luego, que no vuelvan a repetirse historias atroces.

Por: Catalina Hernández

Impunidad sistémica

El estudio Índice Global de Impunidad México (CESIJ, 2016)1, sitúa a Colombia como el tercer país a nivel mundial con mayor impunidad, con un porcentaje de 75.6%, sólo superado por México con un 75.7% y por encima Filipinas con un 80%.

El estudio Índice Global de Impunidad México (CESIJ, 2016)1, sitúa a Colombia como el tercer país a nivel mundial con mayor impunidad, con un porcentaje de 75.6%, sólo superado por México con un 75.7% y por encima Filipinas con un 80%. Además de la cercanía en el IGI, en un estudio de Transparency Internacional2, México y Colombia recibieron 30 y 37 puntos respectivamente, en una escala que de 0 a 100, 0 equivale a ‘’altamente corrupto’’ y 100 a ‘’muy limpio’’. Lejos de ser coincidencia, éstas variables están íntimamente ligadas, según concluye el estudio del CESIJ, en México ‘’la impunidad alimenta la corrupción, acrecienta la inseguridad y genera más violencia’’ y  ‘’va de la mano con la delincuencia organizada’’, una similitud más entre México y Colombia, quienes además de su historia de conflictividad armada interna han tenido  gobiernos con poca o ninguna alternancia ideológica, el PRI en México desde 1928 casi que como partido único y la alternancia liberal- conservadora en Colombia, con sus variaciones en el uribismo y santismo.

En Colombia, como lo dijo el Senador Jorge Robledo en el debate de La Verdad Total Odebrecht, ‘’hay un sistema de corrupción operando… lo que hay son auténticas organizaciones criminales’’3, que existentes desde la creación del Frente Nacional como un acuerdo entre las élites políticas y económicas, no sólo inducen a la corrupción sino también a la impunidad.

El pasado 10 de Julio, la Fiscalía envió al presidente del Consejo Nacional Electoral, Alexander Vega, los oficios No 0524 y 1945, a partir de los cuales dice que se puede concluir certeramente que Odebrecht sí asumió costos relacionados con las campañas presidenciales de Santos y de Zuluaga, y aunque ambas cartas hacen énfasis en que el acopio de pruebas se da por la premura del tiempo para la adopción de decisiones por parte del Consejo Nacional Electoral, que para el momento era de 5 días máximo, disgusta pero no sorprende que decidan salir tarde con resultados, lo cual era obvio desde el principio, pues claros son los conflictos de interés del Fiscal Martínez, cabeza del ente acusador, por su cercanía política con Cambio Radical y su cercanía económica a Sarmiento Angulo, socio de Odebrecht.

Dentro del CNE no hay certeza del futuro del proceso y de los tiempos de caducidad para aplicar sanciones, que podrían ser desde la devolución de los dineros aportados por el Estado a cada campaña hasta la prohibición de presentar candidatos propios a las elecciones de 2018, pues dentro del ente se manejan 3 tesis diferentes y la decisión depende de lo que propongan los magistrados que llevan cada caso. Pero independientemente de la fecha de caducidad sancionatoria que se decida, un velo de impunidad cubre el caso, pues los magistrados son postulados por los partidos políticos y elegidos por el Congreso de la República en donde esos mismos partidos tienen mayorías aplastantes. Así, 8 de los 9 magistrados son altamente dependientes de los partidos que los pusieron en sus puestos y que están relacionados con los gobiernos y partidos que ellos mismos deben investigar y eventualmente sancionar.

Sigue siendo el alivio de la corrupción un gran reto de la reforma política, la cual lejos de solucionar el problema con mecanismos como la lista cerrada, parece querer terminar el conflicto armado de la misma manera que la violencia bipartidista, con un acuerdo político entre élites que cierre filas para la participación democrática de partidos minoritarios y además que permita la continuación de elecciones y gobiernos corruptos, garantizando la máxima impunidad a cambio de la aprobación de favores para la élite económica.

Escrito por: Camilo Alcalde.

Imagen tomada de goo.gl/Wg6Z4o

Notas al pie de página:

1 http://www.udlap.mx/igimex/assets/files/igimex2016_ESP.pdf

2  http://transparenciacolombia.org.co/indice-de-percepcion-de-la-corrupcion-2016/

3 https://www.youtube.com/watch?v=DVdVO_sgg_M

4 http://bit.ly/2v68H0G

5 http://bit.ly/2tfFHpE

“Estado laico, seres libres”

Este es el evento público más grande que realiza la comunidad para celebrar la tolerancia y la igualdad, por ello, miles de personas se reúnen anualmente para conmemorar los disturbios de Stonewall.

El anterior 2 de julio en Bogotá se realizó, como es de costumbre, la marcha por el Día del Orgullo Gay, en la que miles de colombianos se hicieron participes, no sólo por la reivindicación de los derechos de la comunidad LGBTIQ, sino también por el reconocimiento de un “Estado laico” y la integración de la comunidad en eventos de carácter religioso, como lo será la visita del Papa Francisco el próximo mes de septiembre.

Este es el evento público más grande que realiza la comunidad para celebrar la tolerancia y la igualdad, por ello, miles de personas se reúnen anualmente para conmemorar los disturbios de Stonewall: una serie de protestas que desembocaron en las próximas luchas reivindicatorias por los derechos civiles de las personas homosexuales.

Son varias las manifestaciones de la comunidad LGBTIQ que se han transformado en tradición en la ciudad capitalina, desde las muchas actividades e integraciones en la Universidad Nacional, hasta el ciclo rosa en la Pontificia Universidad Javeriana, que ha sido muy polémico dentro de la conservadora comunidad católica.

Sin embargo, no hay ninguna que reúna tanta gente y sea tan festiva como la ya acostumbrada Marcha por el Orgullo Gay que se realiza el sábado siguiente al 28 de junio, día en el que se celebra internacionalmente.

Pero, ¿qué hubo de especial en esta ocasión?

El movimiento de este año estuvo marcado, no solo por el color, la música y la alegría de sus participantes como de costumbre; sino que esta vez se presentó la particularidad de que varios padres y madres marcharon en favor de la aceptación y el amor.

Muchos de ellos se movilizaron en un gesto de apoyo para con sus hijos y la comunidad en general. Esto se realizó por medio de pancartas y camisas en las que invitaban a los demás padres a aceptar y apoyar a sus hijos, todo en pro de un mensaje de cariño y de diversidad.

Aunque el ambiente de la marcha estuvo marcado por la celebración, las manifestaciones artísticas y una alegría desmedida, el recorrido estuvo muy definido por los aspectos políticos que importan a la comunidad, muchos que aún deben ser luchados y otros muchos celebrados como victorias. Tal es el caso de la caída del plebiscito de la senadora conservadora Vivian Morales, que rápidamente se hundió en la Comisión de la Cámara. Este plebiscito, según afirmaba la senadora, era reclamado por la comunidad para “convocar el rescate de los valores, siendo firmes por mamá y papá” y con ello salvar la institución de la familia.

¡NO MÁS INTOLERANCIA, POR UN NUEVO PAÍS!

A pesar de esto, no todo fue celebración, muchos de los asistentes recordaron la poca aceptación y los casos de homofobia extrema que amenazan a la comunidad. La persecución a los miembros LGBTIQ, la discriminación en razón de la preferencia sexual o en varios casos del género; además de los muchos homicidios de personas transgeneros en los últimos años, son algunos de los variados casos que movilizaron a la comunidad.

Estado laico, seres libres 2
Tomado de goo.gl/TY1D4f

Este último caso, se ha convertido en un problema de importancia internacional, ya que son muchas las instituciones que se han pronunciado frente a la dificultosa situación. Llama la atención principalmente, la intervención de la OMCT (Organización Mundial Contra la Tortura) en el año 2011, en la cual el Secretario Internacional de la organización se refiere a la situación como de carácter URGENTE y agregó:

En general la OMCT manifiesta de nuevo su serio rechazo frente a la existencia en Colombia, y en este caso particular en el Departamento del Valle del Cauca, de frecuentes casos de tratos crueles y violentos, y de asesinatos de mujeres trans quienes además en muchos casos son trabajadoras sexuales, y reitera que la repetición de tales actos muestra la existencia de un patrón de crímenes de carácter transfóbico (…)

De igual manera la CDIH (Comisión Interamericana de Derechos Humanos), en el año 2012, se pronunció frente a la situación y explicó que es obligación del Estado investigar todos estos casos y responder lo más pronto posible frente a estos. Asimismo, la Comisión insto al Gobierno a tomar acciones para evitar la repetición de estos casos de intolerancia e hizo un llamado para proteger los derechos de la comunidad LGBTIQ. Esto se debe a las preocupantes cifras que, aunque han disminuido en los últimos años, lo han hecho lentamente. Desde el 2010 se han reducido los homicidios gradualmente, año en el que se presentaron 172 casos, en adelante las cifras son alentadoras pero la lucha contra la intolerancia aún parece muy larga.

En él año 2011 se reportaron 119 casos y en el 2012 se presentaron 98. En los años 2013 y 2014 fueron asesinadas 164 personas pertenecientes a la comunidad según reveló la ONG Colombia diversa, que desde ya hace varios años viene abanderando la divulgación, la defensa y el desarrollo de las personas LGBTIQ. La cifra disminuye de una manera que da esperanza, aún más en los últimos años. (Más Información en http://colombiadiversa.org/acerca-de-colombia-diversa/)

Sin embargo, es preocupante todavía la cantidad de homicidios trans que se presentan anualmente, por esto, marchas como la del pasado 2 de julio, son el escenario para que estos casos sean divulgados y aquellos temas que no se discuten diariamente sean expuestos a la sociedad.

De todas formas, la jornada transcurrió tranquila y pacíficamente, los participantes simplemente solicitaron que estas personas fueran recordadas y exigieron que ante este tipo de violencia, haya más apoyo por parte del Gobierno para que no sigan sucediendo, ya que este tipo de actos de intolerancia, no deberían volverse a presentar en un país que está en medio de un proceso de transición a la paz, en el que el primer paso a tomar, debe ser transformar la sociedad colombiana.

El amor, el principal protagonista de la marcha

El principal mensaje de la movilización era que la aceptación es parte de una sociedad moderna. Además de recordar que la misma comunidad apoyaba y se nutría de cualquier manifestación de amor.

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Tomado de goo.gl/CRhhts

Por ello, cientos de parejas marcharon para que sus derechos sean realmente reconocidos y se les tratase como verdaderos ciudadanos. En sentido a ello se divulgó y desarrolló el eslogan de la marcha Estado laico y de cuerpos libres”. Con el fin de separar la opinión publica de asuntos religiosos y encaminar a la sociedad colombiana por la ruta de la aceptación y la tolerancia.

Por último, se recordó a todo el país que el amor puede venir en cualquier forma y color, y cada quien puede decidir amar sin ningún límite.

¡QUE VIVA EL AMOR!

Por: Santiago Rodriguez. Cachaco puro y amante de Colombia, estudiante caleto de la Universidad Nacional, comprometido con el cambio social y la transformación del país. Interesado particularmente en temas de política, realidad social, el fútbol y Colombia. La opinión, la comunicación y la educación son las herramientas mas importantes que se tienen para trasformar el mundo.

Imagen tomada de: goo.gl/EfnDjY

Vuelve y juega: la estigmatización de las universidades públicas

En Colombia, la estigmatización ha proporcionado el caldo de cultivo para significar a los otros como el enemigo o lo indeseable y así justificar fenómenos como el paramilitarismo y el sicariato.

El atentado en el centro comercial Andino pone de presente la necesidad de blindar el proceso de paz ante las diferentes voces que claman por un regreso de la ley del talión y la venganza a ultranza. Los hechos presentados el pasado 17 de junio vuelven a situar en la arena política la idea de la seguridad y la lucha antiterrorista. Acto seguido, se erigen banderas de lucha que toman el dolor y la zozobra colectiva para realizar proselitismo. Y, de manera irresponsable, se señala con una presunta certeza los responsables y sus adeptos. Tras el suceso las redes sociales se inundaron de denuncias, indignación y acusaciones que sostenían como autores a miembros pertenecientes al Movimiento Revolucionario Popular (MRP) vinculados con el ELN y disidentes de las FARC. Entre los defensores de esta idea se encontraron partidarios del Centro Democrático, los cuales no se detuvieron e indicaron que era necesario “sacar al presidente del terrorismo” como también que bajo el gobierno de Santos ser criminal “pagaba”. El domingo 18 de junio el periódico El Tiempo informó que la primera hipótesis de las investigaciones apuntaba a que el responsable del atentado, en efecto, podría ser un grupo llamado Movimiento Revolucionario Popular (MRP) y subrayó que dichas pesquisas habían conocido de “algunos nexos de este grupo con miembros del ELN y con extremistas de la Universidad Nacional”. La publicación causó revuelo en las redes sociales y condujo a que el rector de la Universidad Nacional rechazara la estigmatización generada por el medio de comunicación. Como enmienda a la publicación inicial el medio optó por ampliar, un poco más, su población objeto de la acusación y señaló que dichos extremistas se movían “dentro de las universidades públicas”.

Esta serie de eventos ponen nuevamente varios temas sobre la mesa. Primero, la responsabilidad de los medios de comunicación al momento de informar objetivamente; segundo, el desafío que tenemos como sociedad para derribar la polarización que se sustenta en los estigmas y acusaciones basadas en las orientaciones políticas de izquierda o derecha; tercero, la necesidad de blindar el proceso de paz y defender el valor de la vida ante el uso oportunista que le imprimen algunos actores políticos. Por último, el constante señalamiento que recae sobre las instituciones universitarias de carácter público y en especial sobre la Universidad Nacional. En Colombia, la estigmatización ha proporcionado el caldo de cultivo para significar a los otros como el enemigo o lo indeseable y así justificar fenómenos como el paramilitarismo y el sicariato. El Centro de Memoria Histórica en su informe “Limpieza social una violencia mal nombrada” ha sido enfático en advertir que el estigma marca una condición socialmente devaluada fundamental en la degradación de nuestro conflicto social y armado. El estigma social ha dinamizado nuestra polarización y encrudecido el conflicto armado. Construido sobre la disparidad entre la expectativa de un comportamiento y la realidad de las maneras como actúan algunos grupos de la sociedad, alimenta un imaginario simbólico de chivo expiatorio envuelto en un juego de amigo-enemigo. No sólo cumple con la función de condenar sino también de despojar de toda dignidad a quién es su víctima.

En el escenario político, exacerbar las pasiones es útil pues posiciona la discusión en una falsa dicotomía, difundida ampliamente por algunos sectores políticos y la cual exhorta: “o estás con nosotros o estás con los terroristas”. No obstante, la importancia de la discusión sobre la estigmatización radica en su carácter ideológico y simbólico. Así, aquellos discursos que se encuentran dotados de legitimidad y gozan de un carácter hegemónico convierten al otro en un enemigo que debe ser deshumanizado, más aún, en situaciones en las cuales los pánicos se encuentran incrementados y la única salida es la “garantía de la seguridad” o el statu quo.

El papel de los medios de comunicación cobra una importancia capital frente a dicha problemática porque las atribuciones que son difundidas mediante el estigma no hacen justicia a la verdad y, es allí donde se incita al odio por sí mismo sobre poblaciones históricamente señaladas como disidentes o críticas, en este caso, toda una serie de instituciones universitarias públicas, específicamente, sobre la Universidad Nacional. A ello se suma el imaginario social que recae sobre la población joven de estos planteles el cual no dista de una noción de “subversivo”, “revolucionario” o “mamerto”. Este último punto es de vital importancia si se tiene en cuenta las víctimas que el conflicto armado le ha cobrado a los estudiantes de universidades públicas por el simple hecho de pensarse una sociedad diferente. Para no ir muy atrás, basta con recordar las amenazas realizadas en 2015 por parte del Bloque Capital D.C de las Águilas Negras a estudiantes de Sociología de la Universidad Nacional debido a su liderazgo en las jornadas de movilización frente a las problemáticas de la universidad y las campañas a favor del pensamiento crítico defendido por el profesor Miguel Angel Beltrán. Para ese mismo año la abogada Paola Salgado fue sindicada, junto a otras doce personas, de tener nexos con una organización denominada “Llamarada Mentes Libertarias” y “estructuras urbanas del ELN”. Nuevamente, los medios de circulación nacional y local señalaban a las universidades públicas como entes promotores de la insurgencia y el terrorismo, mientras olvidaban el aporte que desde estas se hace a la construcción de una sociedad más equitativa.

El suceso más reciente que retrata el señalamiento sistemático que recae sobre las instituciones de educación superior públicas tuvo lugar el sábado 24 de junio del presente año, cuando fuimos testigos de la captura de nueve estudiantes entre ellos dos abogadas y una artista plástica. El argumento es el mismo, una serie de conexiones que asocian el pensamiento crítico y el trabajo por la defensa de los derechos humanos con una práctica de extremistas e insurgentes.

El estigma que recae sobre los estudiantes y egresados de las universidades de carácter público ha justificado actos degradantes y violatorios a los derechos de humanos, llegando incluso a atropellar la presunción de inocencia y la dignidad de las personas que son estereotipadas por el discurso hegemónico del terror y el odio. A ello, se suma el hecho de que al ser encasillado como “mamerto”, “disidente” “revolucionario” y “tira piedra” la respuesta más recurrente ha sido dejar de escucharlos y perseguirlos. Situación que en últimas mantiene el bache existente en nuestra democracia marcada por un diálogo de sordos.

Manuel Alejandro Forero Figueroa. Trabajador social y estudiante de Derecho de la Universidad Nacional de Colombia. Interesado en temas de construcción de paz, promoción de derechos humanos y participación ciudadana.

Imagen tomada de: goo.gl/Wz16L8

 

DE LAS ARMAS A LAS PALABRAS

Los seres humanos que se desmovilizan, se desprenden del fusil para combatir con la palabra; el intercambio de razones y argumentos será la técnica de acción política, el lenguaje predominará sobre la guerra

La dejación de armas por parte de las FARC-EP genera un ambiente esperanzador pero también de incertidumbre.  Los seres humanos que se desmovilizan se desprenden del fusil para combatir con la palabra, el intercambio de razones y argumentos será la técnica de acción política, el lenguaje predominará sobre la guerra, será el mecanismo a través del cual los nuevos actores políticos buscarán eliminar o reducir la exclusión política y las desigualdades de tipo económico, social y cultural que dieron lugar a la confrontación armada por más de 50 años; la incorporación a la sociedad civil les otorgará la posibilidad de transformarse en partido político, canalizar las demandas sociales, contribuir a la formación y manifestación de la voluntad popular e influir en las decisiones políticas y democráticas de la nación.

La entrega de las armas no sólo se consolida como un acto simbólico sino además como un acto de voluntad que exterioriza un compromiso político. Abandonar la lucha armada y evitar el empleo de la violencia para defender los valores e intereses que persiguen les permitirá actuar en un marco de legalidad que además de garantizarles los derechos a participar en la conformación, ejercicio y control del poder político e incidir de forma significativa en los niveles decisorios de la administración pública, les impondrá los deberes de respetar la Constitución y la ley, los compromisos asumidos en el acuerdo de paz y los que adquieran con quienes depositen su voto de confianza en el partido político que conformen.

Es evidente que Colombia atraviesa una coyuntura histórica, política, económica, social y cultural que demanda acciones afirmativas del Estado para revertir los efectos negativos del conflicto armado y cohesionar esta sociedad fracturada por la guerra. En efecto, el proceso de paz requiere además de un enorme esfuerzo fiscal, de la intervención del Estado a través de medidas urgentes que remedien el vacío de poder que se presenta en los territorios con el fin de limitar la ocupación por parte de los grupos armados al margen de la ley y las bandas criminales emergentes, del establecimiento de una administración de justicia rural que desate los conflictos sociales que se presenten de manera oportuna, de la implementación de políticas públicas que posibiliten la reincorporación socio-económica de los hombres y mujeres que dejaron las armas y promuevan el desarrollo de las comunidades marginadas y azotadas por el conflicto interno, y de la construcción de una cultura de paz (perdón y reconciliación).

Ahora bien, la construcción de una cultura de paz no es tarea fácil pues no hay que desconocer que el proceso de paz se desarrolla en un escenario complejo que genera incertidumbre, de hecho es natural que existan dudas y desconfianza, ya que si bien es cierto que todos los colombianos deseamos vivir en paz, las posturas que adoptamos frente al acuerdo de paz se encuentran ligadas a la ideología política y la condición de víctimas directas, indirectas o de victimarios del conflicto armado.

No obstante lo anterior, los colombianos debemos ser conscientes de que asistimos a un proceso de paz colectivo en el que la comunicación y la reconciliación resultan fundamentales para restablecer el tejido social. Es más, reconocer que el conflicto armado es consecuencia de la exclusión, la desigualdad y la concentración del territorio, del poder político y económico, nos permitirá comprender que la mayoría de los colombianos somos víctimas de una guerra incesante por el poder y que para lograr una convivencia pacífica, es necesario generar espacios de diálogo y consenso en los que se supriman los reproches, recriminaciones y deseos de retaliación o venganza, no sólo con el fin de abonar esfuerzos para lograr la integración social y el cese de hostilidades definitivo sino además para fortalecer la democracia deliberativa que implica un intercambio argumentativo para la toma de decisiones.

Imagen tomada de:  http://www.eje21.com.co/site/wp-content/uploads/2017/02/Armas-entrega

Por: Luz Dayan Caballero, abogada de la Universidad Católica de Colombia, Especialización en Derecho Universidad Externado de Colombia.